Hay un momento en la vida de muchas mujeres que nadie te cuenta con toda la veracidad, sinceridad y detalle que merece. Te hablan del parto, de la lactancia, de las noches sin dormir, de cómo cambia todo. Pero del pelo… del pelo no te avisa casi nadie. Y sin embargo, es algo que sucede, lo vemos a menudo debido a nuestra profesión.

Durante el embarazo:
Ese pelo de anuncio que creías que era para siempre

Reconócelo. Hubo un momento en el embarazo (quizá en el segundo trimestre, quizá antes) en que te miraste al espejo y pensaste: ¿pero qué me ha pasado en el pelo? Y era para bien. Brillante, denso, con una vida propia que no había tenido nunca. Casi como si el cuerpo hubiera decidido dártelo todo junto.

Y es que no era casualidad. Durante el embarazo, los estrógenos se disparan y el pelo entra en una fase de crecimiento continuo: cae mucho menos de lo habitual, los folículos trabajan a pleno rendimiento, y el resultado es ese pelo de infografía de vitaminas que todas hemos tenido al menos unos meses.

El problema es lo que viene después.

Caída pelo postparto:
(Efluvio telógeno) te lo cuento sin rodeos

Pasan las semanas. El bebé ya está en casa. Tú estás agotada (y con "agotada" me quedo corta) y un día, en la ducha, ves que entre tus dedos se queda más pelo del que debería. Y al día siguiente más. Y al otro, también.

Bienvenida a la caída de pelo postparto.

Lo que ocurre es lo siguiente: todo ese pelo que el embarazo retuvo porque los estrógenos estaban por las nubes, de repente, cuando los niveles hormonales vuelven a la normalidad, decide caer de golpe. No es una caída gradual, es casi una rendición en masa. Y encima justo cuando tú llevas meses sin dormir, quizá en plena lactancia, con el cuerpo todavía reajustándose y haciendo malabares con tus hormonas.

El momento más intenso suele llegar entre los tres y los seis meses después del parto. Algunas lo notan antes, otras un poco después. Pero casi todas lo notan.
Y casi todas, en algún momento, piensan lo mismo: me voy a quedar calva.

En la inmensa mayoría de casos, el pelo se estabiliza solo. Pero hablo como peluquera, no como doctora: si la caída se prolonga más allá de los seis u ocho meses, o la notas especialmente intensa, vale la pena consultarlo con tu ginecóloga o tu dermatóloga. Pueden existir otras causas detrás (ferropenia, tiroides, otras cosas) que no tienen nada que ver con el embarazo y que merecen atención aparte.

La caída de pelo postparto es temporal. No necesita un tratamiento milagroso ni un champú de 80 euros. Necesita tiempo, algo de mimos, y no entrar en pánico, que el estrés, por cierto, tampoco ayuda al pelo.

Sí que puede ayudar cuidar la alimentación (el hierro y las proteínas son muy importantes en esta etapa), descansar cuando sea posible (sé que esto suena a broma con un bebé en casa, lo sé), y usar productos suaves que no añadan agresión extra a un cuero cabelludo ya bastante sensible.

El corte de pelo de madre:
Una historia que se repite a menudo en el salón

Aquí viene la parte que me hace mucha gracia
(con todo el cariño del mundo 🙏 ).

Hay una conversación que tengo en el salón con una frecuencia que ya no me sorprende. Se sienta una mamá. Me mira por el espejo. Y antes de que yo abra la boca, ya sé lo que viene:

"Es que me veo fatal. Me estoy quedando calva, creo. Córtamelo ¡Córtamelo todo!"

Y hay algo muy humano en ese momento. Cuando el cuerpo te parece ajeno, cuando no duermes, cuando llevas meses siendo el sistema de soporte de otra persona antes que tú misma, cortarse el pelo es recuperar algo. Es decir: esto sí lo controlo yo. Esto sí es mío.

El famoso corte de madre no existe porque las madres pierdan su estilo. Existe porque es un gesto de identidad en un momento en que la identidad propia queda en segundo plano. Lo entiendo perfectamente. Y la mayoría de veces, acertamos. ^_^

Lo que sí hago siempre es escuchar bien antes de coger las tijeras. Porque hay un "córtamelo todo" que significa bob midi, y hay un "córtamelo todo" que significa pixie radical, y en ese momento de agotamiento y hormonas, no siempre es fácil distinguirlos. Hablamos, nos tomamos el tiempo que haga falta, y decidimos juntas lo que de verdad te va a hacer sentir bien al salir por esa puerta.

El otro drama:
Cuando traes al niño al salón

Cambio de escena. Han pasado los años. El bebé ya habla, ya opina, y ya tiene muy claro lo que quiere, o lo que no quiere, con su pelo.

Esto también lo vivo en el salón con mucha frecuencia, y es de las situaciones más divertidas de mi trabajo. Aunque no siempre en el momento. ^_^

Llega la madre con su hijo o hija. La madre me dice una cosa. El niño o la niña me dice otra. Y yo estoy ahí, en medio, intentando contentar a los dos sabiendo que es matemáticamente imposible.

Lo mejor, y juro que esto pasa, es cuando la madre me da instrucciones con la mirada por detrás de la cabeza del crío. Ese gesto de "hazle caso a mí, no a él/ella" que yo recibo perfectamente y que el niño, por suerte, no ve. Ahí es cuando el oficio de peluquero requiere también algo de diplomacia internacional.

El objetivo, siempre, es que el niño o la niña salga sin trauma. Que la peluquería no sea ese sitio donde les pasa algo horrible, sino un sitio normal donde se viene y se sale mejor. Eso es responsabilidad mía tanto como de quien paga. ^_^

Si estás pasando por esto — sea un postparto con tres pelos y mucho agotamiento, o un hijo adolescente que no se pone de acuerdo contigo ni en el largo del flequillo — aquí estamos para lo que necesites. Feliz mes de la madre 💖🤰🏼😉

PD: Si estás en plena caída postparto y has entrado en pánico sin remisión… tráeme una foto de tu pelo de embarazada y otra de ahora. Lo hablamos juntas todo el tiempo que haga falta. Que para eso estamos y buscamos una solución bien estudiada.

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